sábado, 14 de marzo de 2026

 

¿Sorprendido? ¿Mosqueado? ¿O te importa un huevo? Sea como fuere esta vez sí, esta vez va en serio.

Los últimos meses he estado dedicando mi escaso tiempo libre a la creación de un juego de rol (JDR). ¿Por qué? Pues yo que sé, me ha dado por ahí, masoca que es uno. 

¿Y de que va el JDR de marras? Te gustaría saberlo, ¿verdad? Pues te j...

No, es broma. A ver, mi intención a sido juntar dos de mis pasiones, el western y las buenas historias de terror lovecraftianas y ver que salía de ahí. Y lo que ha salido ha sido The Weird Bunch (sí, es un pedazo homenaje al maestro Peckinpah y su Grupo Salvaje, The Wild Bunch en el original). Hay pistoleros, indios, brujos, criaturas de la mitología nativa americana y horrores indescriptibles nacidos de la pluma de Lovecraft, todo mezclado para hacer pasar a los jugadores un buen o mal rato, según se mire. 

El juego, despues de cuatro versiones, está acabado y estoy dando los últimos retoques a la primera aventura que servirá de toma de contacto con este mundo (los malditos mapas y planos nunca han sido mi fuerte, sic).

Una vez esté terminado tendré que probarlo y ver si es jugable. Espero que sí, no tengo ganas de hacer una quinta versión.

Y después, ¿qué? Pues ni puñetera idea. No se si subirlo a alguna plataforma de libre distribución, meterme en el infierno de una campaña de crowfunding, enviarlo a alguna editorial o quemarlo directamente. 

Si algún alma perdida lee esto y le pica la curiosidad que me lo haga saber, al menos me dará animos para seguir adelante e intentar sacar el juego a la luz. 


Hasta pronto. 

 

El grupo de jinetes se detuvo ante la desvencijada casucha y desmontaron. El indio husmeó el aire, con un pequeño gesto de su cabeza los demás supieron que algo no iba bien y rápidamente desenfundaron sus revólveres. El más corpulento de ellos, un antiguo esclavo negro reconvertido en cazarrecompensas sacó una vieja escopeta de cañones recortados y empezó a recitar en voz baja un viejo ensalmo. Dutch, el viejo pistolero, se acercó a la puerta y comprobó el tirador, estaba abierta. Con precaución la abrió lentamente y entró. No estaban preparados para la visión que les aguardaba dentro. Un sanguinolento montón de intestinos y vísceras se amontonaban en el centro de la habitación, los cuerpos de la familia Williamson, padre, madre y dos pequeñas criaturillas, estaban abiertos en canal con brazos y piernas roídos hasta los huesos. Las cabezas estaban amontonadas en una esquina.

El padre O´Halloran salió corriendo de la casa y vomitó en el porche, seguido muy de cerca por Mamá Le Bleu. Habían visto cosas horribles durante sus investigaciones, pero esto era demasiado.

John “Lobo Triste” se inclinó sobre los cuerpos y recogió algo que se hallaba incrustado en una de las costillas del torso del padre; una uña rota, mejor dicho, una pequeña parte de una uña rota. Rápidamente se dio la vuelta y desenfundó un par de tomahawks que llevaba cruzados a la espalda mientras se incorporaba. Pronunció una sola palabra:

-Wendigo.

Fue suficiente. Todos se pusieron en alerta, cubriendo las ventanas y la puerta. El padre O´Halloran inició una salmodia mientras desenfundaba su revólver, este empezó a brillar con una pálida luz blanca. Mamá Le Bleu, mientras cantaba en voz baja, sacó un pequeño cuchillo y se hizo un corte en la palma de la mano. Lentamente, bajó del porche y, agachándose, limpió de nieve una pequeña porción de terreno ante ella para que la sangre gotease en la tierra.

- Puede que tarden un poco en llegar, pero nos ayudarán. - Dijo en voz alta.

Un aullido espeluznante dejó el bosque en silencio. Sonaba cerca. Demasiado cerca.

-Parece que nos están invitando a un baile, y la vieja Bessie tiene ganas de bailar. - Dijo “Big Jim” el cazarrecompensas, cuya escopeta emitía ahora un fulgor rojizo.

-Bien, pues no hagamos esperar más a nuestro anfitrión. Respondió el viejo Dutch. Llevaba un colt peacemaker en cada mano.


 

domingo, 25 de marzo de 2012

Furia Negra. Capitulos 1 y 2

I

La lancha avanza despacio entre la niebla, apenas podemos ver un par de metros más allá de la proa, pero ya estamos cerca. Aunque aún no acertamos a verla sabemos que la isla está ahí delante; sentimos su enorme mole, oímos las olas romper contra los acantilados. Ons. Una pequeña islita situada a la entrada de la ría de Pontevedra, como un parapeto natural contra las incansables embestidas del Atlántico. Una isla que sobrevive gracias a su atractivo turístico; miles de turistas la visitan a diario en verano para disfrutar de sus playas de aguas cristalinas y sus sendas naturales que recorren toda la isla de norte a sur. Y además tiene una playa nudista. Resumiendo mucho es lo que viene a decir el folleto que me he agenciado; también trae un pequeño mapa, que es lo más importante. Es la primera vez que la visito y no quiero perderme.
            Por desgracia no es una visita turística. El incidente comenzó hace tres días cuando se recibió una llamada por radio desde la isla, pidiendo ayuda e informando de graves disturbios por toda la isla. Después de eso, silencio absoluto tanto por radio como por teléfono. Ninguno de los barcos de pasajeros que hacen el trayecto a la isla desde Portonovo o Sanxenxo volvió ese día. Además una espesa niebla cayó sobre la desembocadura de la ría imposibilitando a las autoridades el obtener alguna información.  Al día siguiente se envió otro barco con agentes de la policía local y de la guardia civil; tampoco regresó ni hubo comunicación alguna por radio. Ayer se envió un pequeño contingente del ejercito desde la cercana base naval de Marín, durante todo el día no se supo nada de ellos y esta mañana se recibió una llamada de socorro de uno de los soldados que se interrumpió bruscamente.
Yo llegué en avión a Vigo hace cuatro horas; el señor J me quiere en esa isla para descubrir qué ha pasado y por qué y para ponerle fin, para ello cuento con la inestimable colaboración de dos individuos de rostro inexpresivo y grandes como armarios roperos, muy silenciosos. Parecen profesionales, mercenarios. Me estaban esperando en el aeropuerto con un cartel en el que tan solo había escrita una jota mayúscula, enorme. Muy sutil mi jefe, si señor.
- Creo que me están esperando a mí- le digo al que sostiene el cartel.
- ¿Le manda el señor Jericó?- Pregunta el que sostiene el cartel sin mover ni un músculo de la cara, es fascinante verle hablar.
- Efectivamente. Soy el señor Viento.
- Sí, ya nos dijo que tendría usted algún nombre curioso. Puede llamarnos Ojo y Mano.- dice señalando a su colega con la cabeza.
- Estupendo, pues una vez hechas las presentaciones, pongámonos en marcha. ¿Algo nuevo en las últimas horas?
- Me temo que no. Todo sigue igual que ayer- responde Mano. Increible, es igual de inexpresivo que su compañero, pero algo más alto.
Afuera espera un Hummer negro, montamos y repaso los datos disponibles hasta que llegamos a Porto Novo. Mis acompañantes no dicen ni una palabra. En el puerto tienen una lancha neumática preparada para salir de inmediato. Y al igual que yo, no tienen ni idea de lo que nos espera en la isla, pero parecen muy confiados. Yo no. Yo estoy acojonado. Si el señor J me ha hecho venir con tanta urgencia es algo malo, muy malo.
            De pronto, entre la niebla, aparece la silueta de la isla, como si de un gigantesco barco fantasma se tratara. Ojo apaga el motor y Mano saca un par de remos, toca hacer ejercicio hasta llegar a la orilla. Mal empezamos. Nos dirigimos lentamente hacia una minúscula playa situada al sur de la isla. Es la más alejada del pueblo y el último punto donde se puede desembarcar con relativa seguridad. Mientras no sepamos que es lo que ocurre en la isla es mejor no llamar demasiado la atención. La niebla que ha cubierto la ría durante estos días nos ha sido de gran ayuda para acercarnos sin ser vistos ni desde la isla ni desde la costa, pero ahora que empieza a anochecer es un peligro ya que dificulta la visibilidad, y eso en una zona donde hay grandes rocas afiladas a pocos centímetros de la superficie es un riesgo que no me gusta correr.
Por fin llegamos a la orilla y desembarcamos. En menos de dos minutos mis acompañantes han ocultado por completo la lancha en el interior de una cueva natural que hay en la playa. Muy competentes, profesionales. No se cuanto les pagan pero esta noche se van a ganar el sueldo con creces. A partir de aquí me toca a mí dirigir la operación, estoy emocionado. Saco el mini mapa del folleto, ellos tienen un mapa topográfico del ejército; por lo que veo la playita donde hemos desembarcado, “praia de Fedorento” pone mi mapa, está bastante cerca del campamento que tiene aquí instalado la Xunta de Galicia. Es un campamento de verano para chavales y será por ahí por donde empecemos a investigar.
- Mejor comprobar primero los puntos secundarios antes de dirigirnos al pueblo, llamaremos menos la atención. Mis compañeros se limitan a asentir con la cabeza mientras preparan sus armas.- Y espero que no lleguemos a necesitar nada de eso.
- Ya, yo también.- Dice Mano, el más alto de los dos- pero mejor estar preparado.
De la enorme bolsa de lona que llevábamos como único equipaje en la lancha están sacando dos pequeños rifles de asalto automáticos- Alemanes, lo mejor del mercado- dice Ojo. A continuación abre un pequeño maletín y saca dos glock negras con sus correspondientes miras láser y sus silenciadores, cogen una cada uno y por último Ojo se cuelga del hombro una bolsa de lona negra alargada. Veo que ambos llevan colgados del muslo sendos cuchillos de las fuerzas especiales, hoja negra y filo dentado en su último tercio. Ya es seguro, son profesionales.
- Tenga, esta es para usted- dice Ojo alargándome otra glock idéntica a las suyas- ¿sabe como se maneja?
- Sí. No es la primera vez. Gracias.- digo mientras me la guardo en un bolsillo de la cazadora. Espero no tener que usarla.
Dejamos atrás la playa y nos incorporamos a uno de los múltiples senderos que recorren la isla. Nos movemos en silencio, mis dos acompañantes parecen sombras danzantes y casi no consigo distinguirlos con esta extraña niebla; a su lado yo soy como un elefante en una cacharrería. Avanzamos durante unos minutos por el sendero en dirección norte, hacia el  pueblo, hasta que encontramos el desvío que conduce al campamento, hacia el este.

II

Tardamos apenas un minuto en llegar a la zona del campamento, se vislumbran las siluetas de las tiendas de campaña, pero está todo muy silencioso. Incluso para ser por la noche, estamos en un campamento de verano para chavales, debería haber algo de ruido; como mínimo deberíamos oír cuchicheos, susurros, ronquidos, algo. Seguimos avanzando y al llegar a la primera fila de tiendas descubrimos el motivo de tanto silencio.
- ¡Joder! No puede ser. Esto no puede ser real. ¿Pero que cojones ha pasado aquí?- Pregunta Mano, visiblemente alterado. Yo también me pregunto lo mismo.
Lo que ha pasado es inconcebible. Una carnicería. Una maldita carnicería. Los cadáveres de los chavales están por todos lados: dentro de las tiendas, sobre ellas, en los caminos, incluso hay un montón de ellos amontonados y quemados. Es doloroso observar esta locura, esta devastación.
Lo peor viene al realizar una inspección superficial de la zona. Es horrible y me cuesta creerlo. Han sido ellos mismos; se han matado entre ellos. Algunos de los cadáveres aún conservan piedras y cuchillos en las manos, algunos otros tienen la boca ensangrentada; imagino que los que no encontraron ningún arma utilizaron sus dientes para desgarrar los cuellos que podían, pero ¿por qué?, ¿Qué clase de locura induce a un chaval a matar a sus compañeros de un modo tan salvaje?
- ¡Ay! ¡Me cago en la puta!- El grito viene del otro extremo del campamento, es Mano, de nuevo- ¡Pequeño cabroncete! ¡Eh, aquí hay uno que aun esta vivo!
Entre la niebla es difícil orientarse pero consigo abrirme paso entre las tiendas y llego hasta el lugar donde está Mano.
- ¡Mirad a este pequeño mamón! Cuando le he visto he venido corriendo para ayudarle y por poco no me atraviesa la mano con la navaja- dice mientras nos muestra una pequeña navaja suiza multiusos.
- ¿Qué le has hecho?- pregunto. No me fío demasiado de él.
- ¡Nada, joder! Tal vez se asustase al verme correr hacia él, no se. Pero no le he hecho nada. Por cierto, está muy malherido.
Tiene razón, el crío tiene una herida muy fea en el abdomen, sangra mucho. Esta muy pálido y tembloroso. Se está muriendo. Me quito la cazadora para cubrirlo y darle algo de calor, pero cuando me agacho, salta hacia mí con los brazos extendidos y la boca abierta; va a por mi cuello. Por suerte le fallan las fuerzas. Es espeluznante, está al borde de la muerte y aun así intenta atacarnos, no defenderse, atacarnos. Se me ponen los pelos de punta. Los enrojecidos ojos del chaval se van apagando lentamente y muere. No debía tener más de diez años.
- Bueno, señor Viento. ¿Alguna explicación para lo que ha pasado aquí?-pregunta Ojo- Porque esto es peor que todo lo que yo haya visto. Y mire que he visto cosas en mi vida.
- No tengo ni idea. Pero para eso estamos aquí, para descubrirlo.
- No señor Viento, no se equivoque. Nosotros estamos aquí para ponerle fin a esto, esta noche. Antes de que el ejercito decida hacer limpieza en la isla. Si tiene usted tiempo averigüe que es lo que lo ha provocado, pero esa no es nuestra prioridad.
- ¿Qué quiere decir con que el ejercito haga limpieza?
- Que si mañana siguen sin noticias de la isla mandarán otro equipo. Pero este con una misión muy concreta, quemarán toda la isla.
- Pero no pueden hacer eso. ¿Y la gente? Además esto es un espacio natural protegido.
- Eso al ejército se la suda. En cuanto a la gente, llevan tres días sin datos que indiquen que aquí  queda alguien con vida.
- ¡Pero no lo saben con certeza!
- Da igual. El ejercito y el gobierno no se van a arriesgar a un posible ataque terrorista.
- ¿Qué? ¿Un ataque terrorista, aquí, en Ons? Tiene que ser una broma. ¿Qué clase de objetivo ridículo es Ons para un ataque terrorista?
- A mi no me lo pregunte, le digo que eso es lo que va a ocurrir mañana. Así que tenemos menos de diez horas para acabar con lo que demonios haya provocado esto, buscar supervivientes y salir de aquí cagando leches.
Joder, otra vez metido en mierda hasta el cuello. Gracias Jericó.
- De acuerdo. Tenemos que darnos prisa, así que vamos a dejarnos de chorradas y vamos directamente al poblado.

Fuego y Lluvia. Capitulo 1

FUEGO Y LLUVIA

I

            Se oyen sirenas a lo lejos, dirigiéndose hacia el pueblo. Es un pueblo pequeño, tan pequeño que no tiene cuartel de bomberos ni de policía, que son los que se ahora se aproximan a toda velocidad haciendo sonar las sirenas de sus vehículos. Pequeñas casas blancas de una o dos plantas repartidas en dos calles transversales y en el cruce de ambas calles, la plaza del pueblo. De allí es de donde sale el humo. Cuando llegan los coches de la policía local y el camión de bomberos, todo el pueblo se halla congregado en la plaza, contemplando el incendio. Las llamas tienen más altura que algunos de los edificios circundantes, lo cual resulta curioso, ya que el fuego en si no es demasiado grande.
            Los agentes de policía apartan a los vecinos y comienzan a acordonar la zona, entretanto los bomberos se apresuran con las mangueras a apagar el fuego, que parece no querer ceder bajo la fuerza del agua. Una vez apagado el incendio los bomberos se acercan para intentar averiguar el motivo por el cual se originó. Cuando ven los restos se miran horrorizados y llaman con urgencia a los agentes.
            Mientras comienza a chispear, el grupo de bomberos y policías rodean los restos del incendio, uno de ellos se acerca corriendo a uno de los coches patrulla y vuelve con una manta. Se apresura a extenderla por encima de los restos del incendio. Se trata del cadáver carbonizado de un hombre. Está desnudo y a su alrededor hay abundante ramaje quemado.   
            La lluvia empieza a cobrar intensidad y los agentes de policía comienzan a hacer preguntas a los vecinos del pueblo. Aunque acaban de ser testigos de una tragedia ninguno de ellos recuerda haber visto nada, todos llegaron una vez iniciado el incendio;  y no, no saben quién puede ser el fallecido. En sus rostros no se refleja el dolor sino el alivio y en muchos casos, la alegría. Al ser preguntados por ello sonríen abiertamente y responden que es por la lluvia. Llevaba más de veinte años sin llover de esa manera en el pueblo.
            La tierra se empapa, las plantas extienden sus hojas para recibir el agua, esa agua milagrosa que ahora cae torrencialmente. Ni los más viejos del lugar recuerdan que nunca haya llovido de esa manera en el pueblo. El agua corre por las calles libre para circular, entra en jardines, en campos y en casas. Nadie parece preocupado. Los vecinos en la plaza abren los brazos y comienzan a rezar una extraña oración mientras levantan el rostro al cielo, totalmente empapados por la lluvia. Lluvia salvadora, que traerá de nuevo vida y esperanza a un pueblo moribundo desde hace demasiado tiempo.
           
            Por una de las carreteras que sale del pueblo camina despacio un hombre. Alto, ancho de espaldas, lleva la melena gris cayéndole libre sobre los hombros, tiene la barba del mismo color, muy cuidada y una cara en la que destacan por encima de todo unos ojos de un azul muy claro, casi blancos. El hombre va vestido con unos vaqueros raídos y una camiseta blanca sobre la que lleva una vieja camisa vaquera abierta y cayendo por fuera de los pantalones. Calza unas gastadas botas marrones de estilo militar y lleva a la espalda un macuto de deshilachada tela marrón del mismo estilo. Lleva ambas muñecas llenas de pulseras de cuero y de cuentas. Pero lo que más llama la atención son los tatuajes de los antebrazos; en el derecho un relámpago que parece brillar con luz propia bajo la lluvia y en el izquierdo una rueda antigua, de carro, que por efecto de las luces y sombras del atardecer parece girar continuamente. El hombre sonríe alegremente mientras se aleja del pueblo bajo la lluvia, va tarareando una cancioncilla entre dientes. Al oír un sonido en lo alto, levanta la vista y, soltando una carcajada, saluda con la mano a una enorme águila que cruza el cielo tormentoso mientras continúa caminando, alejándose del pueblo. Dirigiéndose al siguiente.  

dos principios y una duda

Han pasado unos cuantos meses en los que he estado bastante ocupado entre el trabajo y la niña, es lo que tiene ser padre, tu tiempo libre ya no es para ti sino para la peque, aunque yo estoy encantado de que sea así.
De todos modos no ha sido un periodo de inactividad total en lo tocante a la escritura. He empezado a escribir dos relatos, aun no se que longitud tendrán, eso serán ellos quienes me lo vayan diciendo. El problema es que solo tengo el inicio de los dos y me encuentro algo atascado, se hacia donde deberían avanzar y mas o menos como deberían acabar ambas historias, pero la falta de tiempo y de "inspiración" hacen que me haya estancado ahí y no consiga avanzar con ninguna de las dos.
Os pongo lo que llevo escrito de cada una y, si alguien las lee; agradecería que me dijerais cual creéis que debería continuar escribiendo en primer lugar.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Os Lobos de Montes. Capitulos 12 y 13.

XII

Es aún más terrorífico que la primera vez que lo vi. Tiene el pelaje sucio, con innumerables costras de barro y sangre pegadas por todas partes; le falta parte de la oreja izquierda y tiene una fea cicatriz consecuencia de un zarpazo recorriéndole la cara, parece que finalmente su madre tuvo que emplearse a fondo. Lo único que no ha cambiado en absoluto son esos ojos negros, son como un pozo a la locura de su mente. Se acerca lentamente, se acuerda de mí, sabe que conseguí escapar y no parece dispuesto a dejar que se repita. Me llevo la mano al cuello y saco el amuleto para que lo vea y lo huela. Se detiene por un instante y luego continua su lento avance hacia mi como si nada. Es por el viento, lo tiene en contra y por eso no lo huele, pero debería verlo. Tendría que ser suficiente; incluso aunque no lo viera debería sentirlo, es algo mágico, no físico. A menos que me hayan engañado. El lobo sigue avanzando, fauces abiertas, labio superior retraído; se dispone a atacar de un momento a otro. ¡Me cago en la puta! ¡Me ha mentido! ¡El muy cabrón me ha mentido a la cara y se ha quedado tan ancho! Si salgo de esta le voy a patear su culo peludo desde aquí hasta su puta casa. Si salgo de esta. Tengo al lobo a escasos metros de mí, puedo incluso oler su aliento apestoso a sangre y carne en descomposición, los restos de su última comida.
            Salta hacia mí con las patas delanteras extendidas y abriendo las fauces. En ese momento disparo sin pensar, no se hacia donde, no me ha dado tiempo de apuntar. El lobo suelta un gemido y cae al suelo. Me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración  y suelto todo el aire en un suspiro de alivio, pero el lobo empieza a incorporarse de nuevo y un gruñido gutural y salvaje, de rabia, me hiela la sangre en las venas. Mientras se da la vuelta lentamente y cojeando ligeramente de la pata delantera izquierda echo a correr monte arriba intentando encontrar a Arturo. No está por ningún lado, el muy cabrón. Miro hacia atrás y lo tengo pegado a mí; me tiro al suelo en el instante en que lo veo saltar y desde el suelo veo como pasa sobre mí. Disparo dos veces más mientras el lobo aterriza a cinco metros de mí. Fallo estrepitosamente, cegado en parte por el polvo y la hojarasca que acompañaban al lobo durante el salto. Me incorporo y sigo corriendo, esta vez en zigzag, recuerdo haber visto algún documental donde los conejos conseguían escapar de los lobos corriendo de esta manera; claro que los conejos son más rápidos al sprint que los lobos y eso también influye. Yo no soy tan rápido como este monstruo ni de lejos, lo comprendo cuando noto como una de sus zarpas impacta en mi costado lanzándome por los aires varios metros. Aterrizo entre unos arbustos más altos que yo. Creo que me ha roto varias costillas, me cuesta respirar y escupo sangre; eso no es buena señal. Asoma la cabeza entre los arbustos y en ese momento, como no se me ocurre otra cosa, le escupo toda la sangre que tengo acumulada en la boca cegándolo momentáneamente; me lanza un bocado a la desesperada que consigo esquivar de milagro y le respondo con una patada en el hocico. Lanza un gañido de dolor y se retira; aprovecho para incorporarme como buenamente puedo y echo a correr. Bueno, lo intento, porque mis costillas no me dejan, así que voy renqueando monte arriba y cada vez me cuesta más respirar. Estoy jodido.
            Ahí viene de nuevo. Oigo su respiración entrecortada mientras se acerca, creo que al menos le he herido. Bien. Que se joda. Encima no se lo iba a poner fácil. Cuando lo veo venir entre los arbustos levanto el brazo y... no tengo nada. ¿Dónde coño está mi arma? Me cago en…Un momento, ya recuerdo, la tengo en la otra mano, se me cayó al golpear con los arbustos en mi caída y no se como conseguí recogerla al salir de allí. La cambio rápidamente de mano mientras veo como sus fauces se lanzan hacia mi cuello, todo ocurre a cámara lenta, me echo hacia atrás y disparo mientras caigo, veo como un chorro de sangre sale por la parte posterior de su cuello y caemos; yo contra el suelo pedregoso y el lobo encima mío. Joder como pesa, me está aplastando, esto no va a beneficiar en nada a mis costillas rotas. Intento pedir auxilio pero no consigo reunir aire suficiente para gritar. El lobo empieza a moverse, maldición ¿no te vas a morir nunca maldito engendro? Trata de incorporarse sobre sus patas delanteras, pero no le responden, creo que el disparo le ha destrozado la columna, pero solo es cuestión de tiempo que se recupere, ahora intenta girar su descomunal cabeza para acercar sus fauces a mi cara. El muy hijo de perra quiere acabar conmigo como sea, pues no le voy a dar esa satisfacción; tengo el brazo atrapado entre nuestros cuerpos y apenas puedo moverlo pero empiezo a desplazarlo muy despacio hacia fuera mientras el mueve lentamente la cabeza. Parece una carrera a cámara lenta, su cabeza contra mi brazo. La carrera de la muerte, por suerte la gano yo. Saco el brazo, lo apoyo fuertemente contra su cabezota y disparo. Una lluvia de sangre y sesos me salpica por completo el rostro, el pelo, el cuello, todo. Cada vez me cuesta más trabajo respirar; levanto el brazo y disparo al aire. Vacío el cargador y rezo por que alguien, hombre o lobo, oiga los disparos.

XIII

            No se cuanto tiempo llevo inconsciente cuando me despierto, muy lentamente, entre una especie de bruma que lo cubre todo. Mi cerebro parece gelatina y mi cuerpo un saco de boxeo, me duele todo; me duele hasta pensar. Intento incorporarme pero desisto rápidamente lanzando un gemido de de dolor. No sé donde estoy, aun no veo con nitidez, pero el sitio me resulta familiar.
- Por fin despertaches rapaz. Xa comezabamos a preocuparnos.- Vale, ya se donde estoy, esa voz de cazalla con ese tonillo de sorna soterrada son inconfundibles.
- Hola doña Basilia. ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
- Que educado. Non te preocupes rapaz, solo levas aquí dende onte pola tarde.
- No he entendido nada, aun me duele horrores la cabeza.
- Tsch. Digo que llevas aquí desde ayer por la tarde. Tuviste suerte de que te encontrara la familia de Arturo.  Si te hubieran encontrado los otros, los cazadores, ahora estarías en un buen lío.
- ¿Qué tuve suerte dice? Me han mentido, me han utilizado como señuelo, casi me mata esa bestia, pero he tenido suerte. No me joda, señora.
- Aun estas vivo ¿no? Y además no vas a tener que responder a ninguna pregunta incomoda del estilo de que hacías en medio del monte junto al cadáver de un chaval de doce años con un disparo en la cabeza y otro en el cuello. ¿Te parece poca suerte?
- Bueno, visto así, no ha ido mal la cosa. ¿Y los Breogan? ¿Cómo están?
- Lamiéndose las heridas. Esos puñeteros aldeanos consiguieron acercarse demasiado; se untaron el cuerpo y las ropas con una mezcla que ocultaba su olor. Se dieron cuenta justo a tiempo, pero tuvieron que hacer una maniobra de distracción para darle tiempo a usted de acabar con el pequeño Clutos.
- ¿El pequeño Clutos? Ese hijoputa monstruoso casi me mata.
- Casi. Y usted lo ha matado a él. Creo que ya están en paz. Y el pobre muchacho no se merece que hable así de él, no pienso permitírselo, lo que ha ocurrido no es culpa suya.
- No, es culpa de su familia por permitirlo. Deberían haberlo matado cuando nació, si sospechaban que esto podría suceder, tendrían que haberlo hecho.
- Es fácil hablar así cuando no tiene usted que tomar esa decisión. Pero dígame, si fuera su hija, ¿sería capaz de hacerlo?
            Me vienen a la memoria imágenes de mi pequeña, tan dulce e inocente, con esos ojazos que parecen iluminar el mundo, que no quieren perderse nada, esas manitas inquietas…
- No. No podría, tiene razón. Le pido disculpas.
- No es a mí a quién debe pedírselas sino a ellos. Han perdido a uno de los suyos y varios han resultado heridos en el enfrentamiento con los cazadores. En cuanto se encuentre un poco mejor debería ir a verlos.
- Sí, es cierto. Pero aun estoy hecho polvo. Clutos me partió varias costillas y me ha dado una paliza soberana.
- ¡Bah! Tonterías. Ya me estoy ocupando de eso, creo que esta noche ya podrá levantarse y mañana estará como nuevo. Ahora tómese esto y descanse.- dice alargándome un tazón lleno hasta el borde de un liquido verdoso.
- ¿Qué es? ¿Me curaré con esto?- Aun no me fío demasiado de la bruja.
- Claro que sí, es caldo de grelos, la mejor medicina que hay por estas tierras- y suelta una carcajada que me da escalofríos.  

            Al día siguiente estoy recuperado, prefiero no preguntarle a la bruja como lo ha hecho, así que voy a ver a Arturo y a su familia. No es fácil, pero tengo que hacerlo. Me han mentido y me han utilizado como verdugo y casi muero por culpa de sus mentiras. Quiero saber por qué. También quiero que me expliquen que cojones pasó allá arriba con los cazadores, como es posible que se acercaran tanto sin que se dieran cuenta. Y que ha pasado con Clutos. Y que va a pasar con las batidas de caza, que pasará con la gente.
            Finalmente consigo respuestas, pero ninguna satisfactoria. Me necesitaban para matar a la bestia porque sabían que ellos no serían capaces, Arturo sabía que no tendría fuerzas para repetir lo que tuvo que hacer con su hermana. El colgante sirve tan solo para identificarte como aliado de los cambiapieles, pero no es un amuleto protector, me lo dijeron solo para darme algo de confianza. Y los cazadores; los cazadores no recordaran nada, de eso se encarga la abuela Basilia, en el fondo esa mujer me da más miedo que los lobos, ¿Cómo sabía que tengo una hija pequeña? Al final no caí en preguntárselo.
            Dejo atrás Soutelo de Montes y en pocos kilómetros habré salido de Terra de Montes, una de las zonas más bellas de Galicia. Sus pueblecitos, sus gentes, sus bosques y prados, no creo que los olvide nunca. Tampoco olvidaré que es el segundo sitio donde casi pierdo la vida.
            Voy subiendo hacia el alto del Paraño, el puerto de montaña más cercano, que me llevará lejos de aquí, hacia Orense y luego a casa. Las echo de menos, a las dos. Mucho más de lo que creía.
            Suena el teléfono, un mensaje. Del señor J. Mierda, más trabajo, este hombre no entiende que los demás necesitamos desconectar del trabajo de vez en cuando. Dice algo sobre varios pueblos donde han aparecido cuerpos quemados, no entiendo el resto del mensaje, solo consigo medio entender la última palabra, tarabis, taranis, tarapis, algo así. Sea lo que sea tendrá que esperar unos días. Necesito acabar de recuperarme y ver a la familia.


FIN