sábado, 14 de marzo de 2026

 

El grupo de jinetes se detuvo ante la desvencijada casucha y desmontaron. El indio husmeó el aire, con un pequeño gesto de su cabeza los demás supieron que algo no iba bien y rápidamente desenfundaron sus revólveres. El más corpulento de ellos, un antiguo esclavo negro reconvertido en cazarrecompensas sacó una vieja escopeta de cañones recortados y empezó a recitar en voz baja un viejo ensalmo. Dutch, el viejo pistolero, se acercó a la puerta y comprobó el tirador, estaba abierta. Con precaución la abrió lentamente y entró. No estaban preparados para la visión que les aguardaba dentro. Un sanguinolento montón de intestinos y vísceras se amontonaban en el centro de la habitación, los cuerpos de la familia Williamson, padre, madre y dos pequeñas criaturillas, estaban abiertos en canal con brazos y piernas roídos hasta los huesos. Las cabezas estaban amontonadas en una esquina.

El padre O´Halloran salió corriendo de la casa y vomitó en el porche, seguido muy de cerca por Mamá Le Bleu. Habían visto cosas horribles durante sus investigaciones, pero esto era demasiado.

John “Lobo Triste” se inclinó sobre los cuerpos y recogió algo que se hallaba incrustado en una de las costillas del torso del padre; una uña rota, mejor dicho, una pequeña parte de una uña rota. Rápidamente se dio la vuelta y desenfundó un par de tomahawks que llevaba cruzados a la espalda mientras se incorporaba. Pronunció una sola palabra:

-Wendigo.

Fue suficiente. Todos se pusieron en alerta, cubriendo las ventanas y la puerta. El padre O´Halloran inició una salmodia mientras desenfundaba su revólver, este empezó a brillar con una pálida luz blanca. Mamá Le Bleu, mientras cantaba en voz baja, sacó un pequeño cuchillo y se hizo un corte en la palma de la mano. Lentamente, bajó del porche y, agachándose, limpió de nieve una pequeña porción de terreno ante ella para que la sangre gotease en la tierra.

- Puede que tarden un poco en llegar, pero nos ayudarán. - Dijo en voz alta.

Un aullido espeluznante dejó el bosque en silencio. Sonaba cerca. Demasiado cerca.

-Parece que nos están invitando a un baile, y la vieja Bessie tiene ganas de bailar. - Dijo “Big Jim” el cazarrecompensas, cuya escopeta emitía ahora un fulgor rojizo.

-Bien, pues no hagamos esperar más a nuestro anfitrión. Respondió el viejo Dutch. Llevaba un colt peacemaker en cada mano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario