El
grupo de jinetes se detuvo ante la desvencijada casucha y desmontaron. El indio
husmeó el aire, con un pequeño gesto de su cabeza los demás supieron que algo
no iba bien y rápidamente desenfundaron sus revólveres. El más corpulento de
ellos, un antiguo esclavo negro reconvertido en cazarrecompensas sacó una vieja
escopeta de cañones recortados y empezó a recitar en voz baja un viejo ensalmo.
Dutch, el viejo pistolero, se acercó a la puerta y comprobó el tirador, estaba
abierta. Con precaución la abrió lentamente y entró. No estaban preparados para
la visión que les aguardaba dentro. Un sanguinolento montón de intestinos y
vísceras se amontonaban en el centro de la habitación, los cuerpos de la
familia Williamson, padre, madre y dos pequeñas criaturillas, estaban abiertos
en canal con brazos y piernas roídos hasta los huesos. Las cabezas estaban
amontonadas en una esquina.
El
padre O´Halloran salió corriendo de la casa y vomitó en el porche, seguido muy
de cerca por Mamá Le Bleu. Habían visto cosas horribles durante sus
investigaciones, pero esto era demasiado.
-Wendigo.
Fue
suficiente. Todos se pusieron en alerta, cubriendo las ventanas y la puerta. El
padre O´Halloran inició una salmodia mientras desenfundaba su revólver, este
empezó a brillar con una pálida luz blanca. Mamá Le Bleu, mientras cantaba en
voz baja, sacó un pequeño cuchillo y se hizo un corte en la palma de la mano.
Lentamente, bajó del porche y, agachándose, limpió de nieve una pequeña porción
de terreno ante ella para que la sangre gotease en la tierra.
-
Puede que tarden un poco en llegar, pero nos ayudarán. - Dijo en voz alta.
Un
aullido espeluznante dejó el bosque en silencio. Sonaba cerca. Demasiado cerca.
-Parece
que nos están invitando a un baile, y la vieja Bessie tiene ganas de bailar. -
Dijo “Big Jim” el cazarrecompensas, cuya escopeta emitía ahora un fulgor
rojizo.
-Bien,
pues no hagamos esperar más a nuestro anfitrión. Respondió el viejo Dutch.
Llevaba un colt peacemaker en cada mano.
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